El Acuerdo de Paz

El 30 de enero de 2017 más de seis mil guerrilleros, hombres y mujeres de las FARC, con todo su arsenal bélico iniciaron una marcha, esta vez, no hacía la confrontación y la muerte, sino hacia la paz.
Este hecho histórico en la vida del país marcó la terminación del conflicto armado con ese grupo que se había alzado en armas contra el Estado hacia más de 60 años. Durante esas 6 décadas, Colombia había visto como morían centenares de miles de personas y millones más quedaban desplazados producto de un conflicto armado.

La búsqueda de la paz era y es un imperativo ético y moral de todo pueblo, en cualquier parte del mundo. Tristemente en Colombia nos habíamos acostumbrado al conflicto como parte de nuestras vidas, incluso habíamos perdido nuestra capacidad de sentir compasión.

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El proceso para terminar el conflicto sólo fue posible siguiendo tres principios: aprender de los errores y aciertos del pasado para no crear falsas expectativas; lograr efectivamente el fin del conflicto –no su prolongación–, y no ceder un solo milímetro del territorio nacional.

Para ello se trazaron unas líneas rojas: la institucionalidad del país era innegociable, los diálogos respetarían el Estado Social de Derecho y no se negociaría el modelo económico del país. Además que el futuro de las Fuerzas Militares y la Policía no sería nunca un tema de la Mesa de conversaciones. Esto se cumplió sin vacilaciones.

De esta manera se diseñó paciente y metódico de una hoja de ruta que permitiera aprovechar las oportunidades del momento.

Leer el momento y saber cuándo iniciar la conversación fue indispensable para la puesta en marcha del proceso de paz. En los diálogos con las FARC el momento fue propicio ya que:

  • La correlación de fuerzas se había consolidado a favor del Estado colombiano
  • Había un ambiente propicio en el escenario internacional
  • Se reconoció que sufríamos un conflicto armado interno habilitando un ecosistema para la negociación.

Aprendimos de la experiencia después de más de ocho inconclusos procesos de paz a lo largo de 34 años. Vimos la oportunidad única de cerrar este capítulo tan doloroso de nuestra historia que había enlutado y afligido a millones de colombianos por más de medio siglo.

Desde el principio de la negociación se supo que el camino sería largo y difícil pero que era imperativo recorrer. Para ello, se delimitaron unos principios que ayudarían a sortear la conversación y se acordó una agenda de 5 puntos. No se iba a negociar la revolución por decreto como en anteriores ocasiones lo había pretendido la guerrilla. El núcleo de los diálogos debería girar en cómo poner fin al conflicto armado.

Después de 4 años, en septiembre de 2016 se logró llegar a un acuerdo entre las partes. Sin embargo, después de los resultados del plebiscito convocado por el Presidente de la República, donde por un estrechísimo margen triunfó el NO, se adelantaron de manera ininterrumpida reuniones para consolidar los ajustes y precisiones al Acuerdo. Con estos planteamientos la delegación del Gobierno Nacional viajó a La Habana para concretar con las FARC un nuevo acuerdo, sin sacrificar las convicciones, ni las líneas rojas establecidas. Luego de varias semanas se logró acordar ajustes en 56 de los 57 ejes temáticos. Sólo en el tema de participación política no hubo cambios.

Este nuevo acuerdo conocido como del “Teatro Colón” se firmó el 24 de noviembre de 2016 en Bogotá. Cerrando para siempre el vínculo perverso entre armas y política que había marcado nuestra historia.

Lo acordado garantizará que nuestros campesinos tengan mejores y reales opciones de progreso al fortalecer el acceso a la tierra y al plantear los Planes de Desarrollo Territorial “PDET” que llevarán bienes y servicios con los que se estaba en mora a los pueblos y veredas de Colombia. El acuerdo ha fortalecido la democracia al establecer garantías más claras para la oposición así como ha permitido avanzar en la solución estructural al problema de las drogas de uso ilícito y se logró parar el desangre y que no haya más víctimas. Pero sobre todo logramos un sistema integral de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición.

El 22 de septiembre de 2017 la Misión de la ONU en Colombia comunicó la finalización y los resultados del proceso de dejación de armas de las FARC.

9.503 armas, 11.015 granadas de mano y 3.528 minas antipersonal, entre otras, que nunca más causarán daño a los colombianos.

Con la dejación de las armas, miles de hombres y mujeres recuperaron su estatus de ciudadanos e iniciaron su camino de la reincorporación y los colombianos por fin nos podremos concentrar en la consolidación de un país donde hayan posibilidades de un futuro próspero sin el peso de las armas sobre nuestra democracia.

El fin del conflicto ha salvado la vida de más de 2.796 personas y permitirá que el país cumpla con su compromiso de estar libre de minas antipersona para el 2021. Colombia optó por la vida.

Sin embargo, este es solo el primer paso ya que cualquier iniciativa de paz debe estar acompañada de un esfuerzo por resolver aquellos asuntos que permitieron la prolongación del conflicto por más de cinco décadas. Para esto, se requiere de una activa y permanente participación de los ciudadanos en los territorios, en ejercicios de discusión y construcción de una paz sostenible. De verdaderos liderazgos capaces de ser el cambio que necesitamos en todas las regiones de Colombia.

La Fundación COMPAZ en su eje de construcción de paz contribuye a la construcción de una paz estable y duradera a través del fortalecimiento de las competencias ciudadanas o competencias para la paz. La Fundación cree en la educación como vehículo de transformación.

Buscamos compartir la experiencia y aprendizajes del acuerdo de paz de Colombia y de esta manera contribuir a la construcción de paz y prevención de futuros conflictos alrededor del mundo.
Los colombianos nos encontramos ante la mejor oportunidad que hemos tenido para consolidar la paz y cambiar para siempre nuestra historia.

1 Comentario
  • Francisco Sierra

    Muy importante para el país que mantengamos una actitud firme en el camino de la paz, que se respeten los acuerdos y que haya voluntad política para la implementación de los mismos, creo que las ONG’s juegan un papel importante en el acompañamiento del proceso en los territorios.

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