Fundación Compaz

#LosRostrosDeLaPaz

Jasivi Fernández

La Red de Mujeres Lideresas

Edward Carreño

La Casa de la Paz

Eimer Ariño

Educador

Maridel Ruiz

Gallito de Roca

Jasivi Fernández

La Red de Mujeres Lideresas

Jasivi Fernández es una lideresa que se la ha jugado por varias causas sociales en Atlántico. Hoy defiende los derechos de las niñas, adolescentes y mujeres.
 
Su padre murió cuando tenía 16 años y eso la obligó a dejar de estudiar para cuidar a su mamá que estaba enferma. Tuvo su primer hijo a los 19 años y desde ese momento comenzó a trabajar y a interesarse por los problemas de la ciudad y las cosas que no funcionaban bien. Ese interés se intensificó cuando una amiga de la mamá la animó para recoger firmas para el referendo de la Constitución de 1991. En ese proceso Jasivi entendió el poder de la política y lo importante que era involucrarse en los cambios que necesitaba el país. Su pareja en ese momento también se involucró en la campaña por el referendo y lo echaron del trabajo por esa razón. Eso generó en Jasivi una indignación que hasta ahora gestiona por medio de la reivindicación de los derechos humanos y la libre participación política de todos y todas.
Después de firmada la constitución política de 1991 y, por ende, desmovilizada la guerrilla del M-19, Jasivi comenzó a hacer política inspirada por exdirigentes de ese movimiento. Su principal motivación fue recuperar un parque de su barrio que, aunque era muy grande, siempre estaba lleno de maleza y sin posibilidad de que la comunidad lo disfrutara. Esa fue su primera lucha ciudadana y la ganó. Ahora, gracias a su gestión y a la de otr@s personas de la comunidad, el parque ‘Sagrado Corazón’ se recuperó y las personas del barrio lo pueden disfrutar.
 
Después de eso se aventuró a crear la primera junta de acción comunal en el barrio Ciudad Jardín en 1995. Desde ahí protestó por los servicios públicos pues, aunque vivía en un barrio del norte de Barranquilla, el sistema de basuras era deficiente y sufrían constantes cortes de energía y agua. Creada la junta de acción comunal comenzaron a llegar casos de violencia contra la mujer, algo que interesó mucho a Jasivi y que marcó la ruta de su lucha como lideresa social.
 
Ahora es la vocera de ‘La Red de Mujeres Lideresas’ del Atlántico y Barranquilla, una red que creó hace 14 años junto a otras mujeres. La Red está conformada por 400 mujeres de diferentes corrientes políticas que buscan disminuir la violencia política contra las mujeres, defender los derechos de las mujeres y reivindicar la participación de las mujeres en la política, evitando que sean instrumentalizadas en épocas electorales e ignoradas cuando los candidatos llegan al poder.
Además, desde la Red buscan empoderar a las mujeres cabeza de familia que tienen ideas de negocios o que ya tienen emprendimientos en marcha, las capacitan en marketing digital, en legalización formal, en administración de negocios y les facilitan espacios en ferias para que exhiban sus productos y se fortalezcan económicamente.
 
Jasivi hace parte de #JuntasLideramos, el programa que creamos con el propósito de reconocer y promover el papel que tienen las mujeres en la transformación de los territorios y en la construcción de paz.
Edward Carreño de La Casa de La Paz

Edward Carreño

La Casa de la Paz

Edward Carreño, conocido como ‘Restaurador’, encontró en la cocina y en los alimentos la forma de cuidar a otr@s, de protestar, de construir lazos y de ‘restaurar a las personas’. 

Desde pequeño no se sentía cómodo con el modelo educativo, no le gustaba y nunca logró adaptarse, aún cuando terminó el bachillerato mientras trabajaba. Esa inconformidad la pudo canalizar en el 2017 en el paro estudiantil, cuando conoció a otr@s jóvenes que tenían el mismo sentimiento, salió a protestar junto a ell@s con total convicción y desde ese momento ha sido abanderado de las manifestaciones sociales. 

Entró a estudiar cocina al Sena por descarte, sin muchas expectativas. Sin embargo, a medida que pasaban las clases, se dio cuenta que cocinar era mucho más que preparar alimentos. Comenzó a enamorarse de lo que significaba alimentar a otr@s, de la cocina consciente y responsable y de la posibilidad que le daba esa profesión de conocer otras culturas a través de la comida. 

Trabajó en un club en La Calera en Bogotá y en famosos restaurantes de la zona G de Bogotá, donde aprendió mucho sobre técnica y culinaria pero donde también ratificó que la brecha social en el país era abismal. Edward creció en San Cristóbal, al sur de Bogotá, y conocía las dificultades de muchas personas para lograr comer tres veces al día, aunque él nunca se acostó con hambre. Por eso le impactó mucho saber que, en esos restaurantes donde trabajaba, muchas personas pagaban hasta dos millones de pesos por una comida para dos. 

El 21 de noviembre de 2019 Edward se involucró de lleno en la protesta social, conoció a l@s jóvenes de los escudos azules y de la primera línea y escuchándolos entendió los problemas sociales de personas que tenían muchas más inconformidades y necesidades. Al llegar la pandemia siguió organizándose socialmente y encontró algo que volvería a encender su pasión por la cocina: las ollas comunitarias. La primera olla de la que hizo parte fue una chocolatada en el barrio Villanueva. Aunque estaba dirigida para la comunidad de recicladores, se cumplía la premisa de las ollas comunitarias: a nadie se le niega un plato de comida.

Al día de hoy ‘Restaurador’ ha participado, más o menos, en 60 ollas comunitarias en sectores como Ciudad Bolívar, Santafé, Caracol, Tercer Milenio, El Portal de la Resistencia, Suba, Usme y Villanueva, entre otros barrios populares. 

Cuando las protestas sociales se calmaron Edward volvió a buscar trabajo pero rápidamente se desanimó. El ritmo en las cocinas de los grandes restaurantes chocaba con lo que para él significa cocinar. Estaba tan desilusionado que comenzó a hacer planes para irse fuera del país. Su idea era seguir ‘restaurando a las personas’ pero en mejores condiciones de seguridad y calidad de vida. Sin embargo, mientras planeaba su salida del país conoció #LaCasaDeLaPaz, un lugar que lo atrapó y que lo hizo reevaluar sus planes. El destino decidió que se debía quedar en Colombia, pues mandó su hoja de vida y lo contrataron como el chef de La Rancha, la cocina de La Casa. 

Edward estandarizó todos los procesos de La Rancha, creó un menú innovador de alimentos locales y finalmente encontró un lugar donde se siente a gusto. Para él los alimentos crean lazos, unen familias, generan espacios para compartir, y son su manera de expresar sus sentimientos y construir paz.  

#LaCasaDeLaPaz (@latrochacerveza), el lugar de trabajo de Edward, hace parte de #PuentesParaLaReconciliación, nuestro ecosistema de recursos para la paz

Eimer Ariño

Eimer Ariño

Educador

Soñaba con ser ingeniero civil, pero las ganas de escuchar a personas con perspectivas de vida diferentes lo llevaron a trabajar por su comunidad desde lo social. Hoy Eimer Ariño cursa sexto semestre de psicología y es un líder comunitario en el corregimiento de Conejo, municipio de Fonseca, La Guajira. 

Estudió un tecnólogo en obras civiles en el SENA buscando seguir con ingeniería civil en una universidad, sin embargo, al conseguir trabajo se dio cuenta que no era lo que realmente quería. Su trabajo consistía en ser el interlocutor entre el contratista de las obras y las comunidades, y siempre se ponía del lado de la gente aún cuando el contratista era su jefe. Se mudó a Medellín a seguir trabajando en obras civiles y con las esperanza de que su empatía por las comunidades no interfiriera en su trabajo, ya que no las conocía y no eran de su municipio. Sin embargo, fue en Medellín que reforzó su pasión por trabajar con las personas, por escucharlas e intentar ayudarlas a resolver sus problemas.  

Regresó a Fonseca a principios del 2016, el último año de las negociaciones entre el gobierno colombiano y las FARC-EP. Cuando llegó los guerrilleros que por décadas habían azotado su región ahora hablaban de pedagogía de paz, eso a Eimer le llamó mucho la atención y quiso involucrarse más en ese tema. Asistía a las reuniones donde los guerrilleros y delegados del gobierno hablaban de lo que se había acordado en La Habana, charlas que lo animaron a crear el ‘Campeonato por la paz’, un campeonato de jóvenes donde el fútbol era la excusa para decirle a la comunidad que los jóvenes de Conejo apoyaban el Acuerdo de Paz. 

En octubre, después de que ganara el No en el plebiscito por la paz, a los jóvenes que estaban en el ‘Campeonato por la paz’ los invitaron a la vigilia por la paz, una marcha en apoyo al Acuerdo de Paz. Fue ahí que Eimer conoció las realidades de l@s excombatientes, entendió que no todos tenían la misma historia de vida y que habían llegado a la guerrilla por diversas razones; la empatía que por años había sentido por su comunidad y otros grupos vulnerables la comenzó a sentir por l@s exguerriller@s. 

Después de la firma del Acuerdo de Paz en el Teatro Colón, Eimer comenzó a apoyar como voluntario todas las actividades de reincorporación de los guerriller@s por medio de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN). En 2019 le dieron un trabajo formal en la organización por medio de un socio implementador, donde su labor era ser el  enlace operativo del proyecto de modelo de fortalecimiento comunitario entre las comunidades víctimas y l@s excombatientes de esa región, buscando generar confianza entre esas dos poblaciones para lograr crear una unidad productiva que le diera sustento económico a las dos partes.

Actualmente es el director de la Corporación Social y Cultural Manos a la Paz, la cual creó en el 2021 con el propósito de contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de víctimas del conflicto armado, comunidades desplazadas por la violencia, comunidades étnicas, niñ@s y adolescentes, líderes(as) sociales y campesin@s, por medio de la cultura y la convivencia pacífica. También tiene un enfoque muy fuerte en prevención de reclutamiento de menores en grupos armados y en prevención de consumo de sustancias psicoactivas por parte de nin@s y adolescentes. Además, la Corporación está realizando un piloto de una escuela de liderazgo en la institución educativa agropecuaria de Conejo, de donde Eimer es egresado.

Eimer estuvo en la segunda cohorte de AlaPaz, la escuela de liderazgo para la paz que desde @fcompaz desarrollamos junto a la Universidad de los Andes e hizo parte de #AprendEPaz, un programa que creamos en alianza con @coschool con el fin de promover la construcción de paz en los territorios a través de la educación.

Maridel de Gallito de Roca

Maridel Ruiz

Gallito de Roca

Maridel ació en el municipio de Colombia que más especies de aves tiene, Santa Rosa, Cauca, pero fue hasta que le tocó irse, a sus 40 años, que descubrió el increíble mundo del avistamiento de estas especies. 

Llegó a la vereda El Líbano en Orito, Putumayo, en 2008, comenzó a trabajar en agricultura hasta que llegó el Proyecto de Vida Silvestre a ofrecer oportunidades de estudio. Ella se inscribió al curso básico de abejas meliponas, un insecto que le gustaba mucho. Cuando se inscribió le sugirieron que también hiciera el curso de observación y conservación de aves del piedemonte amazónico, Maridel aceptó sin muchas expectativas. 

Ahora se dedica a las aves, hace avistamientos, pertenece a un colectivo que busca la preservación del hábitat de los pájaros y vende camisetas que ella misma borda con aves de la región. Maridel pasó de ser una campesina a una pajarera que se sabe los nombres científicos de las aves de El Líbano y que trabaja todos los días porque a Orito y al Putumayo lo reconozcan como un sitio que pasó de tener rutas de coca a tener rutas turísticas y de pajareo.

El Colectivo Gallito de Roca, al cual Maridel pertenece, se creó gracias al diplomado del Proyecto de Vida Silvestre. Después de eso, varios graduados y personas de la comunidad interesadas en las aves conformaron el grupo en 2020. Ahora participan en el Global Big Day, un encuentro de ciencia participativa en el que científicos y aficionados del avistamiento de aves de todo el mundo salen a observar la mayor cantidad de especies y las registran en la plataforma virtual eBird. 

El Colectivo está conformado por adultos, jóvenes y niños que buscan sensibilizar a la mayor cantidad de personas para que conserven sus predios, no talen, quemen o cacen indiscriminadamente, ya que todas esas acciones destruyen el hábitat de las aves y las desplazan. Gracias a la reconstrucción de los espacios naturales de este territorio este año regresó un ave que no se veía hace 15 años por cuenta de la tala masiva para cultivos ilícitos.  

El propósito de Maridel y del Colectivo Gallito de Roca es hacer turismo responsable y sostenible por medio del avistamiento de aves, que la gente sepa que hay otras alternativas a la siembra del cultivo ilícito; y que es una forma de contribuir al desarrollo de la comunidad y de la naturaleza. 

Maridel participó en el taller que desarrollamos junto a Matamba (@matamba_artesanal) para fortalecer a mujeres que trabajan en el rescate de tradiciones culturales y en la generación de oportunidades de crecimiento en sus territorios; además, como parte de @cgallitoderoca, también estuvo en la Escuela de Gobernanza Ambiental Comunitaria de #PazVerde, nuestro programa enfocado en el fortalecimiento de iniciativas que aportan a la construcción de paz y a la conservación ambiental en la Amazonía y el Pacífico colombianos.